Los equipos de ambos países iniciaron una nueva ronda de negociaciones sobre reglas de origen, automóviles, acero, agricultura y seguridad económica. El objetivo mexicano es alcanzar acuerdos durante 2026 y evitar que la revisión anual prolongue la incertidumbre para empresas e inversionistas.
México y Estados Unidos comenzaron una etapa decisiva para el futuro del T-MEC. Representantes técnicos y comerciales de ambos gobiernos se reúnen esta semana en la Ciudad de México para discutir las diferencias que impidieron extender anticipadamente la vigencia del acuerdo por otros 16 años.
La decisión de Washington de no respaldar la prórroga automática no significa que el tratado haya terminado. El T-MEC continuará vigente hasta 2036, pero deberá someterse a revisiones anuales mientras los tres países no acuerden ampliar su duración.
Para México, el reto consiste en resolver durante este año la mayor cantidad posible de desacuerdos y evitar que las negociaciones se conviertan en una fuente permanente de inestabilidad para las cadenas productivas de Norteamérica.
México quiere evitar una negociación cada año
La presidenta Claudia Sheinbaum ha planteado que los tres socios deben alcanzar acuerdos de fondo durante esta primera etapa, de modo que las revisiones posteriores funcionen únicamente como ejercicios para verificar su cumplimiento.
La mandataria considera que mantener abiertas las mismas discusiones todos los años podría afectar las decisiones de inversión y generar incertidumbre para las empresas instaladas en México, Estados Unidos y Canadá.
Sheinbaum abordó el tema comercial brevemente con el presidente estadounidense, Donald Trump, y con el primer ministro canadiense, Mark Carney, durante la clausura de la Copa Mundial de Futbol.
La reunión informal ocurrió antes de la llegada a México del representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, quien tiene previsto mantener encuentros con funcionarios mexicanos y con la propia presidenta.
Automóviles y reglas de origen, entre los asuntos más difíciles
Uno de los principales puntos de tensión es la cantidad de contenido regional y estadounidense que deben incorporar los automóviles para recibir los beneficios arancelarios del tratado.
Washington busca endurecer las reglas de origen y aumentar el uso de componentes producidos dentro de Estados Unidos. La administración de Trump sostiene que el acuerdo debe generar una mayor cantidad de empleos industriales y reducir la presencia de insumos procedentes de economías consideradas ajenas a la región.
Para México, cualquier modificación deberá evitar daños a una cadena automotriz profundamente integrada, en la que piezas y vehículos cruzan varias veces las fronteras antes de llegar al consumidor.
Los negociadores también discutirán medidas relacionadas con acero, aluminio, productos agrícolas, condiciones laborales, servicios de pago electrónico y sectores estratégicos para la seguridad económica.
Durante las rondas anteriores, ambos gobiernos analizaron las debilidades de las cadenas de suministro y distintas opciones para aumentar la producción dentro de Norteamérica. También acordaron promover un comité encargado de revisar la aplicación de los anexos sectoriales del tratado y mejorar la compatibilidad regulatoria.
Estados Unidos cuestiona el déficit comercial con México
La administración estadounidense ha expresado preocupación por el crecimiento de su déficit comercial con México y busca mecanismos para modificar la relación sin interrumpir por completo las cadenas regionales.
Greer ha planteado la posibilidad de utilizar aranceles, cuotas y reglas más estrictas para incentivar que una mayor proporción de la producción se realice dentro de Estados Unidos, especialmente en actividades como automóviles, electrónica y productos farmacéuticos.
El representante comercial estadounidense reconoció que México ha mostrado una actitud pragmática durante las conversaciones. Sin embargo, anticipó que los asuntos más complejos podrían extenderse hasta 2027.
Su objetivo inmediato es construir acuerdos provisionales con México y Canadá antes de que termine 2026, aunque temas como las reglas automotrices, las obligaciones laborales y los compromisos ambientales podrían requerir más tiempo.
Ebrard busca conservar la ventaja arancelaria
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, afirmó que la prioridad mexicana será mantener el acceso preferencial de los productos nacionales al mercado estadounidense.
La diferencia arancelaria frente a otros países ha permitido que México consolide su posición como uno de los principales proveedores de Estados Unidos y se convierta en una plataforma atractiva para empresas interesadas en producir cerca del mercado norteamericano.
Perder o reducir esa ventaja podría afectar a industrias exportadoras, trabajadores y proyectos de inversión que eligieron México por su cercanía geográfica y las condiciones ofrecidas por el T-MEC.
Por ello, el Gobierno mexicano buscará defender la integración productiva de la región y evitar medidas que eleven los costos o resten competitividad a las plantas establecidas en el país.
La revisión amenaza con frenar inversiones de largo plazo
La falta de una extensión por 16 años ha generado preocupación entre inversionistas y empresas que necesitan certidumbre para financiar fábricas, infraestructura y proyectos tecnológicos.
BlackRock advirtió que las revisiones anuales podrían elevar la percepción de riesgo y dificultar la planeación de inversiones de largo plazo en México, aunque reconoció que el país mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos y oportunidades en sectores como energía, logística y tecnología.
El riesgo no radica únicamente en que el tratado desaparezca de manera inmediata, sino en que las empresas pospongan decisiones mientras esperan conocer las nuevas reglas comerciales.
Esta incertidumbre podría afectar especialmente a industrias que requieren grandes inversiones iniciales y periodos prolongados para recuperar el capital, como la automotriz, la electrónica, los semiconductores y la manufactura avanzada.
Canadá también será indispensable
Aunque las conversaciones actuales se desarrollan principalmente entre México y Estados Unidos, cualquier extensión definitiva del T-MEC deberá involucrar a Canadá.
Las negociaciones con Ottawa avanzan con mayores dificultades. Greer ha señalado que el Gobierno canadiense todavía no presenta concesiones suficientes, mientras Estados Unidos mantiene presiones arancelarias sobre algunas de sus exportaciones.
La diferencia en el ritmo de las conversaciones podría llevar a Washington a alcanzar primero entendimientos parciales con México antes de construir un acuerdo trilateral completo.
Sin embargo, el carácter regional del tratado obliga a que las decisiones sobre su futuro consideren a los tres integrantes.
Una negociación que definirá el rumbo industrial de Norteamérica
El resultado de esta revisión tendrá efectos más amplios que la reducción o eliminación de aranceles. Las decisiones determinarán dónde se fabricarán automóviles, componentes electrónicos, maquinaria y otros productos durante los próximos años.
Estados Unidos quiere trasladar una mayor cantidad de producción a su territorio; México busca conservar inversiones, empleos y acceso preferencial, mientras Canadá intenta proteger sus propios sectores estratégicos.
La apuesta del Gobierno mexicano será demostrar que la integración económica beneficia a los tres países y que endurecer excesivamente las reglas podría encarecer la producción regional frente a competidores de Asia y Europa.
El T-MEC seguirá vigente, pero el inicio de las revisiones anuales coloca a México ante una carrera contra el tiempo: alcanzar acuerdos suficientes durante 2026 para que la incertidumbre no se convierta en una condición permanente de la economía norteamericana.
Con información de El País, Reuters y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.














