Estados Unidos necesita un México fuerte: arquitecto del T-MEC rechaza romper la integración regional

Robert Lighthizer afirmó que debilitar o paralizar la economía mexicana también perjudicaría a Estados Unidos. El exrepresentante comercial reconoció el liderazgo de Claudia Sheinbaum y confió en que Marcelo Ebrard y Jamieson Greer podrán alcanzar un acuerdo.

La profunda integración productiva, comercial y social entre México y Estados Unidos volvió a colocarse en el centro de la revisión del T-MEC.

Robert Lighthizer, principal arquitecto del acuerdo durante el primer Gobierno de Donald Trump, defendió la permanencia de la relación comercial norteamericana y advirtió que provocar un deterioro grave de la economía mexicana sería contrario a los intereses estadounidenses.

Aunque el exrepresentante comercial considera necesario modificar distintas reglas del tratado, rechazó la posibilidad de destruir por completo el marco construido entre México, Estados Unidos y Canadá.

“Deshacerse de todo el acuerdo sería un error”, declaró durante una conversación con la revista Foreign Affairs. Desde su perspectiva, el costo político y económico de una ruptura sería considerablemente mayor que sus posibles beneficios.

Lighthizer reconoce que Estados Unidos depende de la prosperidad mexicana

El exfuncionario sostuvo que la relación de Estados Unidos con México es distinta de la que mantiene con la mayoría de sus socios comerciales.

Ambas naciones comparten una frontera de más de 3 mil kilómetros, cadenas industriales, vínculos culturales, movimientos migratorios y millones de relaciones familiares y empresariales. Por ello, lo que ocurre en una economía tiene efectos directos sobre la otra.

“Tenemos un interés directo en la prosperidad de México y México tiene un interés en nuestra prosperidad”, afirmó Lighthizer.

Su reflexión adquiere relevancia porque proviene de uno de los principales defensores de utilizar aranceles y políticas industriales para fortalecer la manufactura estadounidense.

A pesar de esa posición proteccionista, Lighthizer reconoció que las medidas comerciales deben diseñarse sin paralizar la actividad productiva mexicana, porque una crisis al sur de la frontera también perjudicaría a trabajadores, empresas, exportadores y consumidores de Estados Unidos.

Una señal favorable para la negociación mexicana

Las declaraciones refuerzan uno de los principales argumentos defendidos por el Gobierno de Claudia Sheinbaum: México no es únicamente un proveedor de mano de obra o una plataforma de exportación, sino un integrante estratégico de la capacidad productiva de Norteamérica.

Automóviles, equipos electrónicos, maquinaria, dispositivos médicos, alimentos y numerosos bienes industriales son fabricados mediante cadenas en las que componentes mexicanos y estadounidenses cruzan varias veces la frontera.

Interrumpir estas operaciones no afectaría solamente a las plantas ubicadas en México. También elevaría costos para fabricantes estadounidenses, reduciría mercados para sus proveedores y podría trasladarse a los precios pagados por las familias.

Por ello, la revisión del T-MEC no consiste únicamente en determinar cuánto vende cada país. También debe evaluar cuánto dependen sus industrias unas de otras y qué consecuencias tendría debilitar la estructura regional.

Reconoce a Sheinbaum como una de las líderes más inteligentes

Lighthizer también expresó una valoración positiva sobre la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien describió como “una de las líderes mundiales más inteligentes” dentro del escenario internacional actual.

El reconocimiento resulta significativo por provenir de un funcionario que encabezó la política comercial estadounidense durante el primer mandato de Donald Trump y que mantiene influencia dentro de los sectores proteccionistas de ese país.

Sheinbaum ha defendido una negociación basada en cooperación, respeto a la soberanía y reconocimiento de los beneficios compartidos.

Su Gobierno sostiene que México puede atender las preocupaciones de Estados Unidos sobre contenido regional, seguridad económica y comercio asiático sin aceptar medidas que destruyan empleos o reduzcan la capacidad industrial mexicana.

La estrategia busca mantener abiertos los canales con Washington, evitar confrontaciones innecesarias y recordar que la competitividad regional depende de fortalecer a los tres países, no de trasladar los costos hacia uno de ellos.

Ebrard recibe respaldo como negociador

El exrepresentante comercial también reconoció la capacidad del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y del actual representante comercial estadounidense, Jamieson Greer.

Lighthizer aseguró que le resulta difícil creer que ambos equipos no puedan resolver sus diferencias y manifestó confianza en que finalmente alcanzarán un acuerdo.

Ebrard ha encabezado las rondas bilaterales relacionadas con la revisión del tratado y ha defendido que México conserve su acceso preferencial al mercado estadounidense.

El 23 de julio, Greer y Ebrard informaron que sus equipos habían revisado asuntos relacionados con seguridad económica, trabajo, agricultura, pagos electrónicos, automóviles, acero y aluminio.

Las partes destacaron la necesidad de aumentar la manufactura norteamericana, fortalecer las cadenas regionales y evitar que países ajenos al T-MEC aprovechen sus beneficios sin asumir obligaciones equivalentes. La cuarta ronda bilateral se realizará en Washington durante septiembre.

El T-MEC sigue vigente

Estados Unidos decidió el 1 de julio no extender el T-MEC en su forma actual por otros 16 años.

La determinación no significa que el tratado haya sido cancelado ni que el comercio preferencial terminara de manera inmediata. El acuerdo continúa vigente y los tres países deberán realizar revisiones anuales mientras negocian modificaciones o hasta que llegue su fecha de expiración en 2036.

El periodo abre una etapa de incertidumbre, pero también concede tiempo para construir acuerdos.

México conserva los beneficios establecidos en el tratado para las mercancías que cumplen con sus reglas de origen, mientras las autoridades negocian posibles ajustes relacionados con sectores industriales, barreras comerciales y contenido regional.

Lighthizer considera que eliminar todo el acuerdo tendría un costo político demasiado alto. Su posición no implica respaldar la continuidad del T-MEC sin modificaciones, sino preservar la integración económica mientras se revisan sus condiciones.

El déficit comercial seguirá dentro de la discusión

Una de las principales preocupaciones de Washington es el crecimiento de su déficit comercial con México.

Durante 2025, Estados Unidos exportó bienes al mercado mexicano por aproximadamente 337 mil millones de dólares e importó mercancías por más de 534 mil millones. El saldo estadounidense fue deficitario en alrededor de 197 mil millones de dólares.

Entre enero y mayo de 2026, las exportaciones estadounidenses a México alcanzaron cerca de 161 mil 664 millones de dólares, mientras las importaciones sumaron alrededor de 242 mil 903 millones. El déficit acumulado fue de 81 mil 239 millones.

Lighthizer sostiene que ese desequilibrio no puede mantenerse indefinidamente y anticipa que los aranceles continuarán formando parte de las herramientas utilizadas por Estados Unidos.

Sin embargo, hizo una distinción fundamental: reducir el déficit no debe significar paralizar la economía mexicana. El objetivo, según explicó, tendría que alcanzarse mediante cambios que fortalezcan la producción regional y no mediante una ruptura que perjudique a ambos países.

México también es un mercado para Estados Unidos

La discusión sobre el déficit suele concentrarse en las mercancías mexicanas vendidas al norte de la frontera, pero México también es uno de los principales compradores de productos estadounidenses.

Empresas de Estados Unidos suministran al mercado mexicano combustibles, gas natural, maquinaria, productos agrícolas, componentes electrónicos, equipo industrial, servicios financieros y tecnología.

Una caída prolongada de la actividad económica mexicana reduciría la capacidad de los hogares y empresas para adquirir esos productos.

También afectaría a estados estadounidenses con una elevada exposición comercial a México, particularmente Texas, California, Arizona, Nuevo México, Michigan, Illinois y distintas zonas agrícolas del país.

El reconocimiento de Lighthizer parte de esa interdependencia: Estados Unidos puede buscar un comercio más equilibrado, pero no tiene interés en provocar el colapso de uno de sus mayores mercados.

Más contenido mexicano y menos insumos externos

Una de las principales propuestas del exrepresentante consiste en elevar el contenido regional de los productos comercializados bajo el T-MEC.

Lighthizer considera que algunas mercancías exportadas desde México incorporan una proporción elevada de componentes originarios de China y otros países asiáticos.

Desde su perspectiva, el déficit estadounidense con México puede aumentar cuando una empresa traslada la fase final de producción desde China hacia territorio mexicano, pero conserva gran parte de sus componentes asiáticos.

Para enfrentar este fenómeno, propuso fortalecer las reglas de origen y exigir una mayor transformación dentro de Norteamérica.

También planteó que los bienes exportados desde México contengan más componentes mexicanos y estadounidenses.

Este objetivo coincide parcialmente con el Plan México, que busca aumentar el contenido nacional, desarrollar proveedores locales y conseguir que una mayor proporción del valor generado por las exportaciones permanezca dentro del país.

Producir más piezas, materiales y tecnología en México permitiría generar empleos especializados, reducir importaciones y fortalecer la capacidad negociadora del país.

Integrar a México fortalece la competencia frente a Asia

La reducción de la dependencia de insumos asiáticos constituye uno de los pocos puntos donde pueden converger los intereses industriales de México y Estados Unidos.

Washington busca trasladar producción hacia su territorio o hacia países considerados socios confiables. México, por su parte, pretende atraer inversiones, desarrollar proveedores y avanzar desde el ensamble hacia actividades con mayor contenido tecnológico.

Una estrategia coordinada permitiría producir regionalmente componentes electrónicos, autopartes, equipos médicos, baterías, semiconductores y maquinaria actualmente adquirida fuera de Norteamérica.

El objetivo no tendría que consistir en trasladar toda la producción hacia Estados Unidos, sino en distribuirla de manera competitiva entre los tres países.

La declaración conjunta del 23 de julio señaló precisamente la urgencia de aumentar la manufactura norteamericana, fortalecer las cadenas de suministro y atender el aprovechamiento del acuerdo por parte de países no miembros.

Aranceles podrían afectar a las propias empresas estadounidenses

Lighthizer mantiene una posición favorable a los aranceles como instrumento de política industrial y considera probable que formen parte de la negociación con México.

No obstante, una aplicación demasiado amplia podría aumentar el costo de componentes utilizados por fabricantes estadounidenses.

En sectores como el automotriz, las piezas pueden cruzar varias veces la frontera antes de que un vehículo quede terminado. Gravar cada movimiento elevaría el costo de producción y podría reducir la competitividad frente a compañías instaladas en Asia o Europa.

Las organizaciones empresariales y agrícolas estadounidenses han advertido que la incertidumbre comercial también retrasa inversiones, dificulta la planeación y pone en riesgo mercados construidos durante décadas.

Por ello, el desafío consiste en impedir prácticas de triangulación sin destruir las cadenas que sostienen empleos en los tres países.

México ya ha atendido parte de las preocupaciones

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos reconoció en julio distintos avances realizados por México durante las negociaciones.

Entre ellos se encuentran modificaciones al control de exportaciones de productos de uso dual, acciones sobre propiedad intelectual, mejoras en la Ventanilla Única de Comercio Exterior y cambios para facilitar la operación de agencias aduanales.

También mencionó medidas relacionadas con telecomunicaciones, protección ambiental y control de productos agrícolas provenientes de zonas afectadas por deforestación.

Estos avances muestran que la revisión no permanece completamente estancada y que ambos gobiernos ya han conseguido resolver o encauzar asuntos técnicos.

La posición mexicana consiste en mantener esa dinámica sin aceptar medidas que afecten de manera desproporcionada a sus industrias estratégicas.

La negociación no parte de una relación entre adversarios

Lighthizer rechazó implícitamente la idea de tratar a México como si fuera un competidor ajeno a la región.

Aunque cuestionó el déficit y el contenido asiático de algunas exportaciones, reconoció que la relación económica, cultural y fronteriza obliga a buscar una solución distinta de la aplicada frente a otros países.

México y Estados Unidos no solamente intercambian mercancías. Comparten cadenas alimentarias, energía, infraestructura, inversiones, turismo, comunidades y retos de seguridad y migración.

La estabilidad económica mexicana influye en todos esos ámbitos.

Ese vínculo explica por qué el exfuncionario considera que Washington debe corregir sus diferencias comerciales sin asfixiar a su principal vecino del sur.

Una oportunidad para consolidar el liderazgo de México

La revisión del T-MEC representa un desafío, pero también una oportunidad para fortalecer la posición mexicana dentro de Norteamérica.

El reconocimiento de Lighthizer a Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard muestra que incluso las voces más exigentes de la política comercial estadounidense identifican capacidad de negociación y liderazgo en el Gobierno mexicano.

México llega a las conversaciones con una industria manufacturera consolidada, cercanía geográfica, personal especializado y una red de proveedores que no puede sustituirse rápidamente.

También cuenta con un mercado interno amplio y una ubicación estratégica entre Norteamérica, América Latina, Europa y Asia.

La tarea será aprovechar esas ventajas para obtener certidumbre, preservar el acceso preferencial y aumentar el contenido mexicano dentro de las exportaciones.

Prosperidad compartida, no subordinación económica

Las palabras de Robert Lighthizer no eliminan las diferencias entre ambos países.

Estados Unidos seguirá presionando para reducir su déficit, incrementar el contenido estadounidense y limitar la participación de insumos chinos. México defenderá su industria, sus empleos y la capacidad de atraer inversiones.

Sin embargo, existe un punto de coincidencia decisivo: ninguna de las dos economías puede fortalecerse destruyendo a la otra.

La continuidad del T-MEC deberá construirse sobre esa realidad.

México no llega a la negociación como un actor prescindible. Es uno de los principales centros manufactureros del continente, un mercado esencial para las empresas estadounidenses y un socio cuya estabilidad influye directamente en el futuro de Norteamérica.

Lighthizer lo resumió desde la lógica de los propios intereses de Washington: paralizar la economía mexicana sería muy malo para Estados Unidos.

Ese reconocimiento fortalece el planteamiento de Claudia Sheinbaum: la relación bilateral debe construirse mediante cooperación, respeto y prosperidad compartida.

Con información de El Financiero, Foreign Affairs, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y la Oficina del Censo estadounidense.