Investigadores buscan construir un mapa más preciso de la fauna nocturna que habita entre viviendas, parques y barrancas. La ciudadanía puede colaborar informando dónde, cuándo y en qué condiciones observó o escuchó a estos animales.
Cuando la actividad humana disminuye y las calles comienzan a vaciarse, otros habitantes de la Ciudad de México salen de sus refugios.
Cacomixtles que recorren bardas, azoteas y árboles; murciélagos que abandonan grietas y edificios para buscar insectos, y otros pequeños mamíferos forman parte de una biodiversidad urbana que suele pasar inadvertida.
Para conocer mejor su distribución, especialistas y estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México solicitaron el apoyo de la población para reportar avistamientos dentro de la capital y su zona metropolitana.
La iniciativa forma parte de los proyectos del Laboratorio de Ecología y Conservación de Vertebrados Terrestres del Instituto de Ecología de la UNAM, que utiliza la ciencia ciudadana para estudiar cómo la urbanización modifica el comportamiento, la alimentación y los desplazamientos de estas especies.
¿Cómo participar en el registro?
Las personas que hayan visto o escuchado un cacomixtle pueden ingresar a la página de Facebook “Mis vecinos nocturnos, UNAM”, donde el equipo universitario comparte formularios, materiales informativos y recomendaciones de convivencia.
El cuestionario solicita datos como el lugar del avistamiento, el tamaño aproximado del ejemplar, las características del encuentro y el nivel de conocimiento que tiene la persona sobre la especie.
También pueden resultar útiles fotografías o videos tomados desde una distancia segura, siempre que obtenerlos no implique acercarse, perseguir, manipular o poner en riesgo al animal.
El objetivo no es capturar ejemplares ni revelar públicamente la ubicación exacta de sus refugios, sino obtener información que permita reconocer patrones de distribución y posibles zonas de conflicto con los habitantes.
La ciudadanía puede convertirse en parte de la investigación
La ciencia ciudadana permite que personas ajenas a una institución académica colaboren con observaciones que después son organizadas y analizadas por especialistas.
Un solo avistamiento puede parecer anecdótico. Sin embargo, cientos o miles de registros con fecha, horario y ubicación ayudan a identificar corredores utilizados por la fauna, temporadas reproductivas, cambios en los hábitos y lugares donde existe un mayor riesgo de ataques, atropellamientos o envenenamiento.
El proyecto universitario busca estudiar la influencia del paisaje urbano en la distribución y variación de las poblaciones de cacomixtles, así como comprender la percepción que tienen las personas sobre ellos y las causas de los conflictos que surgen durante la convivencia.
La información permitirá proponer medidas para reducir riesgos tanto para los animales como para las comunidades que comparten el territorio con ellos.
El cacomixtle no es un gato ni un mapache
Aunque por su apariencia suele confundirse con ambos animales, el cacomixtle pertenece a la familia de los prociónidos.
Su nombre científico es Bassariscus astutus. Tiene orejas puntiagudas, ojos grandes adaptados a la oscuridad y una cola larga con anillos que utiliza para conservar el equilibrio mientras se desplaza por ramas, bardas y cables.
Es un mamífero principalmente nocturno y omnívoro. Puede alimentarse de insectos, pequeños vertebrados, frutos, semillas y restos de comida disponibles en el entorno urbano.
Su capacidad para utilizar refugios artificiales y aprovechar fuentes de alimento generadas por las personas le permite sobrevivir incluso en zonas completamente urbanizadas.
Ya se han registrado en las 16 alcaldías
Investigaciones previas identificaron cacomixtles en las 16 alcaldías de la Ciudad de México.
Antes de la pandemia se habían recopilado alrededor de 400 registros y durante sus primeros meses la cifra superó los 700. Tlalpan, Coyoacán y Xochimilco concentraban entonces el mayor número de observaciones, mientras Iztacalco presentaba la menor cantidad.
Su presencia ya no se limita a bosques o zonas periféricas. También han sido observados en colonias centrales, unidades habitacionales, jardines particulares, parques y áreas cercanas a corredores verdes.
Los especialistas analizan distintas explicaciones para este fenómeno: la reducción temporal de la actividad humana durante la pandemia, la disponibilidad de alimento, la disminución de depredadores naturales y la capacidad de adaptación de la especie.
Los reportes ciudadanos son esenciales para determinar si realmente aumentó su población o si simplemente la gente comenzó a detectarlos y registrarlos con mayor frecuencia.
Cacomixtles ayudan a controlar plagas
La presencia de un cacomixtle no debe interpretarse automáticamente como una amenaza.
Estos animales consumen cucarachas, roedores e insectos, por lo que pueden contribuir al control natural de algunas poblaciones consideradas plagas dentro de las zonas habitacionales.
También participan en la dispersión de semillas. Una investigación publicada por la Revista Mexicana de Biodiversidad identificó semillas de 20 especies vegetales en muestras relacionadas con cacomixtles estudiados a lo largo de un gradiente urbano y natural.
Esto significa que, al comer frutos y desplazarse por diferentes lugares, pueden transportar semillas y contribuir a la regeneración vegetal.
Su valor ecológico no convierte a los cacomixtles en mascotas ni significa que deban introducirse deliberadamente en viviendas. Son animales silvestres que cumplen mejor sus funciones cuando pueden desplazarse sin depender de la intervención humana.
No los alimentes, aunque parezcan inofensivos
Una de las principales recomendaciones de la UNAM es no ofrecer comida a los cacomixtles.
Dejarles fruta, croquetas o restos de alimentos puede hacer que relacionen a las personas y las viviendas con una fuente constante de recursos. Esto modifica su comportamiento, aumenta la concentración de ejemplares y puede generar enfrentamientos con perros, gatos o vecinos.
La disponibilidad de basura y alimento para mascotas ya representa una de las razones por las que estos mamíferos se aproximan a edificios y jardines.
Los especialistas recomiendan guardar las croquetas durante la noche, cerrar correctamente los contenedores de residuos y evitar dejar desechos orgánicos expuestos.
Alimentarlos con productos procesados también puede afectar su salud y hacerlos dependientes de una dieta que no corresponde con sus necesidades naturales.
Perros y gatos representan uno de sus mayores riesgos
Los animales domésticos pueden perseguir, herir o matar a la fauna silvestre.
Por ello, la iniciativa recomienda mantener a perros y gatos dentro de las viviendas durante la noche, especialmente en colonias donde existen avistamientos frecuentes.
La medida protege a los cacomixtles, pero también reduce el riesgo de que las mascotas sufran mordeduras, caídas o accidentes al perseguirlos por bardas y azoteas.
En caso de encontrar un ejemplar desplazándose por el patio o el techo, lo mejor es mantener distancia, retirar a las mascotas y permitir que continúe su recorrido.
Los cacomixtles suelen evitar el contacto con las personas. Perseguirlos o intentar acorralarlos puede provocar que reaccionen defensivamente o que sufran una caída durante su huida.
Murciélagos también comparten los edificios con la población
Los murciélagos constituyen otro grupo fundamental dentro de la biodiversidad nocturna de la capital.
En la Unidad Habitacional Hueso Periférico, en Tlalpan, investigadores han identificado aproximadamente cinco refugios dentro del conjunto. Durante las temporadas reproductivas, la colonia puede superar los cinco mil individuos.
Entre las especies predominantes se encuentran Tadarida brasiliensis, Nyctinomops macrotis y Myotis velifer, todas insectívoras.
Los espacios estrechos entre edificios ofrecen temperaturas adecuadas, protección frente a depredadores y cercanía con zonas chinamperas y cuerpos de agua donde encuentran alimento.
Su presencia demuestra que la infraestructura urbana también puede convertirse en refugio para animales que habitaban el territorio antes del crecimiento de la ciudad.
Guardianes naturales contra los insectos
Los murciélagos insectívoros consumen grandes cantidades de mosquitos, polillas y otros insectos durante sus recorridos nocturnos.
Otras especies participan en la polinización de plantas y en la dispersión de semillas, funciones indispensables para la conservación de ecosistemas y actividades agrícolas.
El proyecto “Guardianes A-lados”, desarrollado con participación de investigadoras de la UNAM y especialistas comunitarias, busca transformar la percepción de estos animales mediante talleres, actividades de divulgación y acompañamiento a vecinos de Tlalpan.
El nombre destaca su papel como aliados ecológicos y su cercanía cotidiana con las comunidades humanas.
La desinformación puede convertirse en violencia
Cacomixtles y murciélagos continúan siendo víctimas de mitos que los presentan como animales agresivos, sucios o transmisores inevitables de enfermedades.
Estas creencias pueden provocar que algunas personas intenten envenenarlos, quemarlos, golpearlos o destruir sus refugios.
El maltrato a la fauna silvestre puede constituir un delito y, además, altera el equilibrio ecológico de las zonas urbanas.
La investigación de la UNAM parte de que la desinformación es una de las posibles causas principales de conflicto entre la población y los cacomixtles. Por ello, el proyecto no solamente recopila observaciones: también desarrolla materiales para explicar cómo actuar ante un encuentro.
¿Qué hacer cuando un animal entra a la vivienda?
Cuando un cacomixtle ingresa a un patio, azotea o jardín, debe conservarse una ruta libre para que pueda salir por sí mismo.
No es recomendable atraparlo con las manos, introducirlo en una jaula, arrojarle objetos o intentar espantarlo con fuego, agua o sustancias químicas.
Si un murciélago entra a una habitación, se debe mantener la calma, retirar a niñas, niños y mascotas, cerrar las puertas interiores y abrir una ventana o salida hacia el exterior.
Nunca debe manipularse directamente. Cuando el ejemplar está herido, permanece inmóvil, tuvo contacto con una persona o no logra abandonar el sitio, es necesario pedir orientación a las autoridades de protección animal o ambiental.
La Brigada de Vigilancia Animal y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente se encuentran entre las instituciones que pueden intervenir ante animales silvestres lesionados o en riesgo.
Las áreas verdes funcionan como corredores de vida
Parques, barrancas, camellones, jardines, cuerpos de agua y suelo de conservación permiten que la fauna se alimente, encuentre refugio y se desplace entre diferentes partes de la ciudad.
Cuando estos espacios quedan separados por construcciones, vialidades o asentamientos irregulares, las poblaciones se fragmentan y los animales se ven obligados a cruzar zonas con mayor riesgo.
Investigadores de la UNAM han advertido que el crecimiento urbano, la pérdida de vegetación y el aumento de las temperaturas amenazan a especies que sobreviven dentro de la megalópolis, entre ellas cacomixtles, zorros grises, teporingos, ajolotes y murciélagos.
Los datos aportados por la ciudadanía pueden ayudar a descubrir qué áreas verdes funcionan como corredores y dónde hacen falta medidas para mantener la conectividad ecológica.
Una ciudad habitada por muchas especies
La Ciudad de México no está formada únicamente por calles, viviendas, automóviles y personas.
Sus bosques, humedales, barrancas, jardines y edificios albergan una comunidad diversa de animales que se adapta constantemente a la transformación del territorio.
Observar un cacomixtle sobre una barda o una colonia de murciélagos al atardecer no significa que la naturaleza haya invadido la ciudad. Es una señal de que estas especies continúan intentando sobrevivir dentro de un espacio que también les pertenece.
El proyecto de la UNAM convierte cada avistamiento responsable en información científica.
Reportar, mantener distancia, evitar alimentar a los animales y compartir información verificada son acciones sencillas que pueden contribuir a protegerlos.
La convivencia no exige convertirlos en mascotas ni permitir que permanezcan dentro de una vivienda. Requiere reconocer su función, reducir los riesgos y solicitar ayuda especializada cuando exista una situación que no pueda resolverse de forma segura.
Mientras la mayoría de la población duerme, cacomixtles y murciélagos recorren otra versión de la capital. Con ayuda de sus habitantes, la UNAM busca comenzar a dibujar ese mapa nocturno y comprender mejor quiénes viven realmente en cada colonia.
Con información de Infobae, el Instituto de Ecología de la UNAM, UNAM Global y la Revista Mexicana de Biodiversidad.















